Estos dos últimos meses han sido intensos por algo que, sin desearlo, nos ha unido a todos, el COVID-19. Pocas cosas unen tanto como la adversidad, aunque sea por un tiempo. Al cabo, cada cual sigue con su vida e intereses y parece que olvidemos aquello que compartimos durante unos meses.

Trabajo en sanidad y puedo dar fe de la valentía de nuestros sanitarios y sanitarias.

Creo que todo agradecimiento es poco ante tanta generosidad como he visto en el Hospital y en los Centros de Salud. Pero sé que la memoria es débil y no pasarán muchos meses hasta que vivamos de nuevo agresiones verbales y físicas hacia esas personas que nos cuidan. Es una pena, pero esa es la realidad. Olvidamos pronto.

Durante estos dos meses he compartido sufrimiento, lágrimas, esperanza,desesperanza, fuerza, rabia, desesperación, retazos de alegría emocionada y algunosmomentos de calma. Nos reuníamos cada día para expresar emociones,frustraciones, tristezas, miedos y anhelos. Compartíamos la vida tal y como senos ofrecía en ese momento. Después cerrábamos los ojos y con las manos en elcorazón, respirábamos en un silencio unido y reparador. Y volvíamos al trabajoasistencial.

Quiero compartir aquí uno de tantos audios que he ido grabando duranteestas semanas para que mis compañeros escucharan en sus casas. En este hablé delos abrazos, ya que muchas compañeras se lamentaban de no poder abrazar a sushijos, ni a sus seres más queridos por medio a poder contagiarles al regresardel trabajo. Se aislaban de sus propias familias y eso era una doble condena.

A ellas, a ellos mi más honda admiración, respeto y amor. Siempre.

Ir a descargar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *