Influencia Social

Hace 40 años, Dario Fo estrenó una comedia en la que describía la vida de familias de clase obrera que desesperadas por la crisis de la época (años 70), roban comida en un supermercado. Es una comedia en donde se refleja el ingenio de unas mujeres que intentan pasar esa comida camuflada delante de la ley y de sus propios maridos en medio de la angustia de no poder pagar ni alquiler, ni luz, ni gas y al borde del desahucio.

Es un texto que nos hace reflexionar sobre lo cíclico de la historia humana.

Cada vez más, en la consulta, escucho historias reales de familias desesperadas ante un crudo presente y el futuro más incierto que hayan conocido en sus vidas.

Comparten conmigo su angustia, su miedo, su frustración, su impotencia, su sensación de fracaso y su desesperación. No hay palabras para el consuelo.

Tengo muy claro que, igual que se contagian las enfermedades físicas, se contagian los estados de ánimo.

Es un contagio social e íntimo al mismo tiempo. Un contagio que va cercenado esperanzas e inundando de pesimismo las vidas.

Con la luz del verano y esa alegría asociada al período estival, se ha ido pasando de puntillas, como quien no quiere ver, por el borde de una realidad que el otoño “caliente” va a poner encima de muchas mesas vacías.

Me preocupa que se llegue al conflicto social, al temor social, a la revuelta social, fruto de la desesperación económica de muchas familias, que nos aleje de la convivencia pacífica.

La acción, de acudir a supermercados y “requisar” comida, que han llevado a cabo este verano afiliados al Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) puede tener el efecto de lo que denominamos aprendizaje vicario.

 El Aprendizaje Vicario es el aprendizaje por observación e imitación. Es el primer aprendizaje de los bebés, que nos acompaña a lo largo de nuestra vida.

No soy quien para juzgar los actos que se produjeron, pero sí puedo reflexionar sobre ellos. Al final podemos encontrarnos inmersos en una lucha entre trabajadores. Los que están en paro y los que no. Los que en masa pueden ir a “requisar” bienes de los supermercados y los que desempeñan sus funciones laborales y deben evitar esa acción.

Trabajadores contra trabajadores, para que al día siguiente la prensa diga “que son todos son unos vándalos incivilizados” y sirva de justificación a políticos, tan ávidos para darle la vuelta a todo según sus intereses.

Hemos de evitar esto. Hemos de evitar llegar a la desesperación personal que revierta en movilizaciones sociales de trabajadores contra trabajadores. Tan trabajador es un autónomo, como un empleado, un funcionario y un parado.

Pero esto no significa que debamos quedarnos callados y resignados a nuestra suerte y condición. En épocas de desesperación la inteligencia se agudiza y debemos enfocar bien el objetivo para no errar.

Creo en la fuerza del pueblo para forzar y generar cambios profundos. La historia nos muestra grandes ejemplos, aunque algunos silenciados, como la convicción del pueblo Islandés hace apenas cuatro años.

Seamos conscientes de nuestra fuerza como pueblo y ejerzámosla con convicción, constancia, control, solidaridad y claridad.

2 Replies to “AQUÍ NO PAGA NADIE”

  1. Los ciclos son la norma de la vida. El cómo enfocamos y vivimos los ciclos… eso es otra historia. Desde la humildad, si es que la tengo, creo que leemos poco, asi pues, no aprendemos mucho. Los acontecimientos que nos ha tocado vivir serían una fruslería para cualquier persona que haya vivido una guerra o que haya tenido que emigrar de su país para poder vivir. Repito, no aprendemos, nos comportamos como niños malcriados a los que se les retira el juguete.
    Y yo, como tú, digo que:» Seamos conscientes de nuestra fuerza como pueblo y ejerzámosla con convicción, constancia, control, solidaridad y claridad.»

  2. He leido con avidez la osadia que ha hecho ese gran país, Islandia, y me he quedado boquiabierta…. Eso sí es democracia, eso sí es ponerse en marcha para conseguir un bien común.
    Un ejemplo a seguir. ¿Seremos capaces? o ¿Sólo vamos a quejarnos de que no nos dan?
    Demos nosotros. Este país, España, es grande pero podría ser más grande si todos nos pusieramos a resolver, desde la serenidad, la convicción y ejerciendo nuestro derecho a no seguir dejando que nos mangoneen los que dicen tener las solucciones, la actual situación.

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