Cada uno de nosotros es capaz de ser aquello que quiere ser. Sólo tiene que creer que puede y ponerse a construirlo día a día ¿Qué fácil decirlo, verdad?

Pregúntate: ¿Qué es primero, el pensamiento de infelicidad o el sentimiento de infelicidad?

Ambos surgen de dentro de uno mismo. Y si surgen es porque en algún momento se crearon, se establecieron ¿Cuándo? Seguramente desde la infancia, sin darte cuenta. Seguro que a lo largo de los días de infancia, tus experiencias (lo que veías, lo que escuchabas, lo que ocurría a tu alrededor…) hicieron que poco a poco fuera estableciéndose en ti esa forma de pensar y de sentir y entonces… comenzaste a creer que eso era así, que eras así sin más.

Y ahora sigues creyéndolo de una manera tan íntima y profunda que eso llena toda tu vida y la maniata y la bloquea y la hunde… y entonces sientes que te falta el aire para respirar y te acostumbras a que sea así y piensas que tú no tienes derecho a esa porción de aire porque no la mereces, porque eres raro y diferente a los demás y comienzas a no entenderte y a no querer ser tú mismo, intentando salir de ti de forma desesperada para ser otra persona que pueda sentir la felicidad… y equivocas la búsqueda.

No te das cuenta de que todo es más sencillo de lo que parece y crees. No te das cuenta de que lo que inicia todo es un pensamiento y éste proyecta en tu interior una emoción. Eso se crea a lo largo de los años o de golpe ante una situación traumática. Y cuando experimentas la emoción crees que es cierta y que nunca podrás dejar de sentir infelicidad.

Es algo que puedes modificar cuando te das cuenta de que sólo tienes que dejar que fluya tu verdadero yo, aquel que de forma innata y humana busca el bienestar. Tú eres mucho más que un pensamiento arraigado en tu interior. Piensa que la infelicidad no es algo que se hereda o se contrae como una enfermedad. Es un hábito con el que hemos aprendido a vivir.

Busca nuevas perspectivas de ti mismo. Pregúntale a tus pensamientos negativos si realmente son ciertos y demostrables. Te darás cuenta de que muchos de tus pensamientos no los puedes demostrar de forma objetiva.

Cuando te sorprendas diciéndote frases como “nunca me sale nada bien” o “siempre me sale todo mal”, lleva cuidado. Son pensamientos irracionales. Piensa un poco y seguro que hay cosas que sí te salieron bien. Y si hay algo, ya no es “nunca”.

Te sugiero que cada día anotes tres cosas distintas que te hicieron sentir bien. Da igual lo que sea. Busca y te sorprenderás.

El Talmud dice:

A tu alrededor siempre ocurren cosas maravillosas. Sólo tienes que aprender a verlas

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